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Formas
de elaboración. Denominación de origen.
El champagne es un vino burbujeante que se produce
en la región francesa de la Champagne. Con los
métodos tradicionales, las bodegas argentinas
producen cortes clásicos e innovadores, pero todavía
los espumantes argentinos no cuentan con su propia
denominación.
Los
primeros espumantes franceses fueron elaborados
por el padre benedictino Dom Perignon en el siglo
XVII. El nombre Champagne se ha convertido en
la denominación de origen, y no puede ser utilizado
por ninguna otra bebida del mundo.
Hoy se sabe que un buen espumante parte de un
vino de calidad, con notable porcentaje de acidez
y nivel de alcohol inferior. El corte se envasa
en botellas especiales y luego se adiciona azúcar
o mosto concentrado y levaduras. Se tapa en forma
hermética y el gas de la segunda fermentación
se integra al vino. Este envejece en cavas que
le garantizan la temperatura y la humedad necesarias
para alcanzar su plenitud. Manos expertas lo hacen
girar para que los sedimentos se depositen en
el cuello. Luego de congelar las borras, las botellas
pasan a degüelle, donde el mismo gas carbónico
las elimina. Allí se rellenan con licor de expedición,
se tapan con buen corcho y se les coloca el collarín.
Esta forma de elaboración se denomina método champenoise.
Otro
procedimiento alternativo es el charmat, nacido
en el siglo XIX, que fue perfeccionado por Eugene
Charmat en 1916. En este caso, la segunda fermentación
se realiza en tanques de acero inoxidable. Allí
permanece al menos 30 días hasta su embotellado.
La extracción de borras es por filtrado.
También en la Argentina los enólogos están logrando
espumantes de altísima calidad, con interesantes
cortes.
¿Cómo
lo llamaremos?
Sparkling wine lo llaman los anglosajones; espumante
dicen los italianos y portugueses; los españoles
lo denominan cava; los rusos krim; los alemanes
sekt.
Todos
ellos tienen una raíz común: gas carbónico obtenido
de manera natural por una segunda fermentación.
"En
la Argentina, hasta hace poco lo denominábamos
champagne o champaña y aún no se ha tomado una
decisión al respecto para bautizarlos con nombre
propio.
Debemos
elegir un nombre con la opinión de todos los sectores
que integran la cadena del vino: productores,
consumidores, periodistas, comercializadores,
cocineros. Lo importante es alcanzar un consenso
y lograr una denominación.
A vos, ¿qué nombre te gusta?
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