Manolete
Una
vida dedicada a la coctelería
Con
22 años Manolete llegó a Argentina el
22/11/1949 como uno de los tantos inmigrantes
españoles, en busca de un futuro más promisorio
para él y su familia. En su ciudad natal,
La Coruña, había trabajado como ayudante
en una perfumería y luego en una confitería
donde tuvo un primer acercamiento al mundo
de las bebidas y la gastronomía, en 1939,
del que no se apartaría hasta el último
día. En Buenos Aires su primer trabajo
fue como camarero en el legendario Café
de los Angelitos donde pudo conocer el
gusto y la idiosincracia nacional. Pasó
por el American Store de San Isidro e
inauguró Only Down, la boite del Hotel
Crillón de Capital. Allí atendió a Fangio
y Ascari. Inauguró las barras de las distinguidas
confiterías Queen Bess, Mc Gregor y Bigote,
que disfrutaron con su fino desempeño.
"En Queen Bess a la camarera le tenía
3 ó 4 tragos preparados en la barra, se
los cargaba en la bandeja e iba la mesa
a tomar el pedido con ellos. Al acercarse
al cliente con estos tragos con tanto
color y linda presentación, éste preguntaba
'¿Qué es?'. Venían a tomar un café, pero
terminaban pidiendo ese trago. La decoración
y el color generan un impacto visual notable.
La gente muchas veces no sabe qué pedir
y espera que le sugieran. Aunque no lo
compren, a lo mejor otro día sí lo hagan."
Su
participación televisiva y radial durante
años le dio a Manolete una masiva repercusión.
En radio comenzó en 1953 con una columna
de coctelería, y en TV en Canal 7 un año
después con un programa con personalidades
políticas y artísticas. Allí enseñaba
a preparar cocktails y hasta se animaba
a contar cuentos, aunque a él les parecieran
no tan buenos. Pero la mayor notoriedad
la obtuvo en 1962 con el recordado programa
"Buenas tardes, mucho gusto" en el que
trabajó durante 12 años. De allí que el
Rey decidiera abrir su propio local con
su apodo en Las Heras y Montevideo en
1972. Durante 11 años deleitó con perfectas
combinaciones a habitués como los boxeadores
Ringo Bona-vena y Carlos Monzón. Pero
el Rey también atendió a otras personalidades
durante su vida: desde Pepe Razzano, guitarrista
de Gardel, Aníbal Troilo, Tato Bores,
Alberto Olmedo, los ex presidentes Alfonsín
y Menem, hasta el joven Diego Maradona
en 1981, aunque aclarara que el otro rey
no tomaba una sola gota de alcohol. Manolete
se regodeaba cuando un cliente preguntaba
qué contenía el delicioso cocktail por
él preparado. "En coctelería hay que tratar
de mezclar un vodka, ron, whisky, gin,
cognac, sin que ninguno se destaque. El
cliente no tiene que saber cuál es esta
bebida fuerte, agradable, cuyo gustito
se nota. Deberá quedar seducido sin saber
qué contiene. Si pregunta, Ahí se le da
la fórmula, pero si está en el mostrador,
ve lo que preparamos, ya que se debe preparar
el cocktail a la vista del cliente y debe
resultar muy sutil, preciso y exacto."
Con
Manolete la coctelería vivió su época
de gloria en Argentina, entre 1950 y 1970,
cuando los barmen eran protagonistas en
el universo gastronómico, ya que atraían
la clientela y la fidelizaba. También
llevó a-delante otros emprendimientos
gastronómicos en Mar del Plata y Chapad-malal,
en la Hostería del Lago. En las últimas
dos décadas trabajó en la confitería Los
Dos Chinos y en El Molino (La Plata).
El Rey retornó con su bar en 1997 en Av.Callao
y Libertador de Bs.As., donde luce en
el frente su apodo orgulloso, mantenido
hoy por su hijo Uko y su nieto Gastón,
al que le enseñó todos los secretos de
este oficio. El monarca trabajó hasta
un mes antes de despedirse. Los últimos
veranos la familia Ulloa, propietaria
del Hotel Reviens de Pinamar, lo invitó
a deleitar a la clientela con sus preparados
y su calidez. Como pudo confesarnos la
última charla, este verano quizás se excedió
trabajando largas jornadas en lo que siempre
lo apasionó.
Manolete
marcó una época e hizo escuela. Fue presidente
de AMBA, institución que afilió a I.B.A.(International
Bartenders Association). Dio cátedra de
coctelería, arte en el cual era un experto,
en las aulas del Centro de Capacitación
de la A.H.R.C.C. (Asociación de Hoteles,
Restaurantes, Confiterías y Cafés). Allí
sostenía con profundo convencimiento:
"En su libro de coctelería, Don Pedro
Chicote afirmaba que en ninguna barra
del mundo puede faltar la botellita de
angostura. Agregaría yo que tampoco una
coctelera y un vaso mezclador. Les explico
a los chicos en mis clases, que hay cócteles
aperitivos, nutritivos y digestivos, como
asi los hay con frutas, cremas y con bebidas
espirituosas y secas. Por ej. un Martini
seco no se puede preparar en ningún otro
recipiente más que en un vaso mezclador.
Si un cliente pide un Clarito, un Manhattan
o un Dry Martini, tiene que tenerlo."
Otros conceptos como éste, Ma-nolete se
encargaba de transmitir: el origen y añejamiento
de las bebidas y su graduación alcohólica,
fundamental al combinar correctamente,
hasta la atención al cliente, tema que
el Rey manejaba mejor que ninguno.
Pero
no todo fue color de rosa. Hace un año
cosechó algunas críticas aisladas cuando
otra revista sacó de contexto su frase
"Ya no hay barmen", para titular negativamente
una nota. El propósito mezquino era generar
polémica con la coctelería moderna. No
era necesario. Manolete siempre fue muy
respetuoso de todos los estilos, pero
marcando claramente las diferencias: la
moderna más apta para discos o pubs y
no para hoteles o restaurantes. En realidad
no era amigo de la grosería en los nombres
de los nuevos tragos: "Evatest +" o "H.I.V.".
El Rey proponía acertadamente "Medias
de Seda" como bautizó a un trago de su
creación, pensando en la segura aceptación
de la clientela femenina.
Manolete
no sólo ha tenido prestigio a nivel local,
sino también a nivel internacional, reconocido
por colegas y licoristas. "Poseo una botella
de Pampero, la 5° que salía de esta ronera.
Firmada para mí por Alejandro Hernández,
presidente de Industrias Pampero de Caracas,
Venezuela. Allí se desempeñó notablemente
mi grandísimo amigo Pichín. La botella
salió del museo de Hernández con 25 años
en 1963, o sea, tiene 81 de envasado.
También poseo la botella de coronación
de la Reina Elizabeth de Inglaterra de
1953, embotellada en 1936 para el Rey
inglés. Es un cognac Remy Martin en cristal
de Bacará con escamas en la botella. En
1958 en Bélgica, a los 23 barmen del mundial
se nos obsequió con el certificado de
garantía y autenticidad." El Rey ya tenía
una botella de la realeza. Manolete también
participó de 3 campeonatos mundiales de
coctelería: en Bélgica, Escocia e Italia.
Pero una anécdota suya nos demuestra qué
nivel el Rey hubo de alcanzar. "Con Pichin
estuvimos en Londres en el mundial de
coctelería. Allí conocimos a Eduardo Viel
Temperley, agregado a la embajada Argentina,
quien organizó fiestas maravillosas en
homenaje al torneo ganado por la delegación
nacional. Como en ese momento yo dependía
de Aerolíneas Argentinas, hacia cócteles
en los aviones y les enseñaba a los comisarios
de abordo. Participé de la inauguración
de la ruta aérea Bs.As.-Río Gallegos preparando
cócteles a bordo de un boeing de Austral.
Una vez había que ir a buscar a diplomáticos
y periodistas extranjeros. Salimos de
Alemania cargando periodistas, en Italia
y España cargamos periodistas. Llegamos
con los periodistas sentados en el suelo
jugando al pase inglés... No sé si era
por las copas o porque tenían ganas de
jugar."