El
vino y la degustación
Hay
mucho interés sobre el vino, el cava y
el champagne. En esta entrega vamos a
puntualizar sobre la degustación del vino,
para más adelante ir llegando poco a poco
a los temas exigidos por los ciber lectores
de Trago Loco punto com.
La
degustación es la clave que hace la diferencia
entre tragar compulsivamente o disfrutar
con el espíritu. El vino es un producto
que dependiendo del bebedor será religioso,
dará muestras de matices, excitará cada
uno de sus sentidos, elevará su conciencia
hasta poder sentir como una sinfonía natural
suena dentro de una copa.
Para
una correcta degustación hay que intentar
generar un marco propicio. La luz del
día es la ideal para iniciar la degustación,
ya que el primer sentido que entra en
juego es la vista. Lo mejor es beber un
poco de agua antes de probar el vino,
no fumar y servir media copa. Se puede
comer un pedacito de pan un rato antes.
El color, es algo que trasmite datos importantes
y para no caer en confusiones es mejor
observar sobre un fondo blanco y desde
arriba de la copa, luego se inclina y
se gira lentamente, para rescatar por
ejemplo qué estrías se forman, lo que
nos va a hablar de tenor alcohólico. Lo
siguiente es aspirar a fondo muy cerca
de la copa, esta operación es bueno realizarla
con los ojos cerrados, primero con la
copa quieta y después dándole un leve
movimiento que oxigene el vino. Por fin
llega el momento de paladear este líquido
sagrado, pero nada más un sorbito. Éste
debe recorrer todas las zonas de la lengua,
después hay que aspirar un poco de aire
por la boca y exhalar por la nariz, esto
despertará características que vale la
pena saborear.
Hay
que diferenciar esta práctica de la cata.
En esta última sólo se bebe un pequeño
sorbo y muy frecuentemente de varios vinos,
para colmo generalmente se escupe.
La
práctica de la degustación es rescatar
el gusto por los detalles, consiste en
escaparse por un rato del estilo de vida
que mata a la gente de estrés y ataques
al corazón, para entrar en otro donde
la ley es el placer y para todo lo bello
hay tiempo. ¿Cuantas veces ante una obra
musical prestamos atención a los detalles?
¿hay dos violines, tres o cuatro? ¿Cuando
fue la última vez que comiendo un plato
de pasta a "La carbonara" buscamos aislar
en nuestra mente el sabor de la nuez moscada?
Justo antes de comenzar a escribir alegorías
y comparaciones prescindibles terminamos
este artículo.