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El
personal de bares y la hiper profesionalidad
ARTÍCULO
DE OPIÑÓN
Una
barra puede ser un velero con viento a favor,
o una simple canoa encallada en las rocas de la
estupidez.
Leyendo una nota sobre la Copa América de vela,
nos enteramos que es una competencia de las más
importantes. Se realiza desde 1851. La última
fue en Nueva Zelanda, la embarcación ganadora
fue "Aligui". Suiza. En este torneo compiten los
mejores veleros del mundo. La tecnología usada
para su diseño es la más avanzada. La modalidad
de dicha competencia es uno contra uno, las maniobras
peligrosas y las dudosas se mezclan.
La
diferencia entre los mono cascos, muchas veces
la hacen las tripulaciones. Estos profesionales
tienen que ser capaces de ocupar su puesto aun
en situaciones complejas, ya que cada uno es una
pieza crucial a la hora de mover los 24 metros
bajo sus pies.
La
tripulación es de 16 personas, Y hay 10 puestos
diferentes a ocupar.
1-
Caña: es el miembro más importante. Puede ser
también el patrón. Gobierna el yate con una o
dos ruedas. Muchas veces da órdenes de virada
y cambio de velas.
2-
Táctico: Responsable de la mayor parte de las
decisiones tácticas.
3-
Navegante: Traza el recorrido óptimo entre las
boyas de marcación.
4-
Trimer de mayor: Ajusta la forma de la vela mayor.
5-
Trimers de foque: Dos personas que ajustan las
velas de proa.
6-
Molinillos: Cinco personas que izan las velas
y las ajustan.
7- Trimers de spinnaker: Dos personas que alteran
la disposición del spinnaker (vela).
8-
Topo: Saca las velas a cubierta a través del colector.
9- Apoyo proa: Ayuda al hombre de proa y al topo.
10- Proa: Organiza todos los cambios de velas
y actúa como observador adelantado
También
puede haber un observador. Este es un puesto no
ejecutivo que se reserva para el propietario o
para el diseñador.
Después de hacer notas en decenas de barras y
de trabajar años en el ramo, llegamos a darnos
cuenta que un diseño táctico especial puede hacer
la diferencia entre una barra caótica, fracasada
y una organizada, exitosa. Cuando se trabaja con
cartas de más de 50 cócteles y el flujo de trabajo
es intenso, la única manera de balancear adrenalina
y razón, intensidad y efectividad es la profesionalización.
Cada
uno de los integrantes de una barra cumple una
misión, ocupa un lugar en el equipo "Team". Solamente
demarcando un abanico de responsabilidades entre
compañeros se puede trabajar correctamente. El
jefe de barra no tiene los mismos deberes y obligaciones
que el barman, el barman no es un camarero, ya
que no trabaja en la sala y el camarero no es
el apoyo de los barmen.
Cada
uno debe tener una preparación diferente, un personaje
distinto que interpretar.
Lo que se ve muy frecuentemente es una falta de
identidad en los bares y una impersonal atención
al público.
Sobrecargar
a un empleado con actividades ajenas a su preparación
hace que una de las piezas del equipo se rompa,
recayendo sus actividades en otro que también
siente el peso superando sus fuerzas y así hasta
que el ambiente de alegría y jolgorio, necesario
para hacer working, flair u otros shows que tantos
gustan... se rompe. Quedando nada más que un grupo
de individuos insatisfechos detrás de una barra
mediocre con clientes inconformes.
En
un equipo 2 + 2 no tiene que ser 4, tiene que
ser más que 4. Un equipo tiene que estar pensado
con lógica. Uno con una simple mirada se da cuenta
quién está de más en una barra y cuando falta
gente. Al haber tan poco espacio y al ajustar
las comodidades al mínimo, la única manera de
circular por la barra es que cada uno sepa que
va a hacer el otro cinco segundos después. Y para
lograr adelantarse a un movimiento, éste debe
tener una razón de ser.
Una
barra puede ser un velero con viento a favor,
o una simple canoa encallada en las rocas de la
estupidez.
La actividad que realizan los profesionales de
la hostelería es la de alquimistas. Pueden hacer
una delicia para el paladar o un líquido caliente
sin gusto hecho para emborrachar.
Una
noche puede ser "la noche" gracias a que una raza
de noctámbulos utilizaron su tiempo para aprender
a servir cócteles, cervezas o vinos de la manera
más profesional. La diversión muchas veces es
obra de barmen show que invirtieron horas para
poder hacer el movimiento de flair que capta la
mirada de todos. Cada malabar costó tiempo y dinero,
interés y muchas veces dolor. La única manera
de pagar eso es con respeto.
La
dignidad del personal de barra es esencial para
que un cóctel sea mágico.
Sin
pensar las estrategias, no organizando la logística
y no motivando al personal se puede tener un garito
del montón. Un bar de mala muerte, aunque muchas
veces muy bien decorados, pero la excelencia se
paga con otra moneda. Una moneda que no es el
euro, ni el dolar, tampoco el peso. Es saber que
estamos haciendo algo importante. Ya que los clientes
son instrumentos en manos de los bartenders y
muy pocos son los capaces que logran tocar una
sinfonía celestial dentro de los castigados paladares
de los ciudadanos de a pié.
El problema de hoy en día no radica
solamente en no respetar una profesión. Tal ves
sea una filosofía desacertada que intenta ignorar
a la magia.
Es
tan fácil pasar por alto la magia que perfuma
la vida, basta con no oler. Hay dos opciones:
echarse en el ramo silvestre, con seguridad, aspirando
al máximo de los pulmones, no importando la existencia
de espinas o ausencia de aromas virtuosos.
Nadar
en las oscuras aguas del placer, desnudo, sean
cálidas o heladas. La otra es más sencilla, lo
único que hay que hacer es buscar un empleo absorbente,
un grupo de amigos estériles, amores tibios y
bajar la mirada en el momento preciso.
Pero
la magia está, circula, pesada, cansina, resignada
por las venas. Hay magia en un andar rítmico,
en el movimiento de una falda, en la caída de
una melena sobre los hombros, en una comisura
que sonríe, en dos ojos rasgados por el amanecer.
Lo
malo es ver cuando la magia está a un paso, saber
que hace un instante se fue, sentir que tendría
que estar acá, en este instante... pero no. Unos
pechos únicos que hasta hace un segundo tomaban
un baño de sol, un daiquiri envejecido en una
copa, caliente, echado a perder, una mañana soleada,
iluminada, amena, que nos despierta con resaca,
una espalda desnuda que baila... con otro, una
arboleda amarilla sobre un fondo gris, justo antes
de llover, la voz de un amigo, a la distancia,
un jarrón con flores... muertas, marchitas, una
luna llena, turgente, tapada por nubes negras,
nueve uñas, rojas, fuertes, nueve, el fantasma
eau de toilete, sin ese cuello que se acaba de
ir, una copa de Sirah avinagrado, una adolescente
escondiendo los encantos de su juventud, la gente
que nada más se da cuenta de la magia cuando escucha
el crujido.
Busquemos
ser dignos de respeto y respetemos. Debemos hacer
lo mejor posible, ya que el "Alligui" ganó dinero
y prestigio, pero el "New Zealand 82" perdió,
aunque el único bálsamo que alivia la derrota
es haber dado lo mejor.
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