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Pablo Gabin Barman recibido del Incepag Argentina, especialista en coctelería clásica nos muestra distintos bares de España

El personal de bares y la hiper profesionalidad

ARTÍCULO DE OPIÑÓN

Una barra puede ser un velero con viento a favor, o una simple canoa encallada en las rocas de la estupidez.

Leyendo una nota sobre la Copa América de vela, nos enteramos que es una competencia de las más importantes. Se realiza desde 1851. La última fue en Nueva Zelanda, la embarcación ganadora fue "Aligui". Suiza. En este torneo compiten los mejores veleros del mundo. La tecnología usada para su diseño es la más avanzada. La modalidad de dicha competencia es uno contra uno, las maniobras peligrosas y las dudosas se mezclan.

La diferencia entre los mono cascos, muchas veces la hacen las tripulaciones. Estos profesionales tienen que ser capaces de ocupar su puesto aun en situaciones complejas, ya que cada uno es una pieza crucial a la hora de mover los 24 metros bajo sus pies.

La tripulación es de 16 personas, Y hay 10 puestos diferentes a ocupar.

1- Caña: es el miembro más importante. Puede ser también el patrón. Gobierna el yate con una o dos ruedas. Muchas veces da órdenes de virada y cambio de velas.

2- Táctico: Responsable de la mayor parte de las decisiones tácticas.

3- Navegante: Traza el recorrido óptimo entre las boyas de marcación.

4- Trimer de mayor: Ajusta la forma de la vela mayor.

5- Trimers de foque: Dos personas que ajustan las velas de proa.

6- Molinillos: Cinco personas que izan las velas y las ajustan.

7- Trimers de spinnaker: Dos personas que alteran la disposición del spinnaker (vela).

8- Topo: Saca las velas a cubierta a través del colector.

9- Apoyo proa: Ayuda al hombre de proa y al topo.

10- Proa: Organiza todos los cambios de velas y actúa como observador adelantado

También puede haber un observador. Este es un puesto no ejecutivo que se reserva para el propietario o para el diseñador.

Después de hacer notas en decenas de barras y de trabajar años en el ramo, llegamos a darnos cuenta que un diseño táctico especial puede hacer la diferencia entre una barra caótica, fracasada y una organizada, exitosa. Cuando se trabaja con cartas de más de 50 cócteles y el flujo de trabajo es intenso, la única manera de balancear adrenalina y razón, intensidad y efectividad es la profesionalización.

Cada uno de los integrantes de una barra cumple una misión, ocupa un lugar en el equipo "Team". Solamente demarcando un abanico de responsabilidades entre compañeros se puede trabajar correctamente. El jefe de barra no tiene los mismos deberes y obligaciones que el barman, el barman no es un camarero, ya que no trabaja en la sala y el camarero no es el apoyo de los barmen.

Cada uno debe tener una preparación diferente, un personaje distinto que interpretar.

Lo que se ve muy frecuentemente es una falta de identidad en los bares y una impersonal atención al público.

Sobrecargar a un empleado con actividades ajenas a su preparación hace que una de las piezas del equipo se rompa, recayendo sus actividades en otro que también siente el peso superando sus fuerzas y así hasta que el ambiente de alegría y jolgorio, necesario para hacer working, flair u otros shows que tantos gustan... se rompe. Quedando nada más que un grupo de individuos insatisfechos detrás de una barra mediocre con clientes inconformes.

En un equipo 2 + 2 no tiene que ser 4, tiene que ser más que 4. Un equipo tiene que estar pensado con lógica. Uno con una simple mirada se da cuenta quién está de más en una barra y cuando falta gente. Al haber tan poco espacio y al ajustar las comodidades al mínimo, la única manera de circular por la barra es que cada uno sepa que va a hacer el otro cinco segundos después. Y para lograr adelantarse a un movimiento, éste debe tener una razón de ser.

Una barra puede ser un velero con viento a favor, o una simple canoa encallada en las rocas de la estupidez.

La actividad que realizan los profesionales de la hostelería es la de alquimistas. Pueden hacer una delicia para el paladar o un líquido caliente sin gusto hecho para emborrachar.

Una noche puede ser "la noche" gracias a que una raza de noctámbulos utilizaron su tiempo para aprender a servir cócteles, cervezas o vinos de la manera más profesional. La diversión muchas veces es obra de barmen show que invirtieron horas para poder hacer el movimiento de flair que capta la mirada de todos. Cada malabar costó tiempo y dinero, interés y muchas veces dolor. La única manera de pagar eso es con respeto.

La dignidad del personal de barra es esencial para que un cóctel sea mágico.

Sin pensar las estrategias, no organizando la logística y no motivando al personal se puede tener un garito del montón. Un bar de mala muerte, aunque muchas veces muy bien decorados, pero la excelencia se paga con otra moneda. Una moneda que no es el euro, ni el dolar, tampoco el peso. Es saber que estamos haciendo algo importante. Ya que los clientes son instrumentos en manos de los bartenders y muy pocos son los capaces que logran tocar una sinfonía celestial dentro de los castigados paladares de los ciudadanos de a pié.

El problema de hoy en día no radica solamente en no respetar una profesión. Tal ves sea una filosofía desacertada que intenta ignorar a la magia.

Es tan fácil pasar por alto la magia que perfuma la vida, basta con no oler. Hay dos opciones: echarse en el ramo silvestre, con seguridad, aspirando al máximo de los pulmones, no importando la existencia de espinas o ausencia de aromas virtuosos.

Nadar en las oscuras aguas del placer, desnudo, sean cálidas o heladas. La otra es más sencilla, lo único que hay que hacer es buscar un empleo absorbente, un grupo de amigos estériles, amores tibios y bajar la mirada en el momento preciso.

Pero la magia está, circula, pesada, cansina, resignada por las venas. Hay magia en un andar rítmico, en el movimiento de una falda, en la caída de una melena sobre los hombros, en una comisura que sonríe, en dos ojos rasgados por el amanecer.

Lo malo es ver cuando la magia está a un paso, saber que hace un instante se fue, sentir que tendría que estar acá, en este instante... pero no. Unos pechos únicos que hasta hace un segundo tomaban un baño de sol, un daiquiri envejecido en una copa, caliente, echado a perder, una mañana soleada, iluminada, amena, que nos despierta con resaca, una espalda desnuda que baila... con otro, una arboleda amarilla sobre un fondo gris, justo antes de llover, la voz de un amigo, a la distancia, un jarrón con flores... muertas, marchitas, una luna llena, turgente, tapada por nubes negras, nueve uñas, rojas, fuertes, nueve, el fantasma eau de toilete, sin ese cuello que se acaba de ir, una copa de Sirah avinagrado, una adolescente escondiendo los encantos de su juventud, la gente que nada más se da cuenta de la magia cuando escucha el crujido.

Busquemos ser dignos de respeto y respetemos. Debemos hacer lo mejor posible, ya que el "Alligui" ganó dinero y prestigio, pero el "New Zealand 82" perdió, aunque el único bálsamo que alivia la derrota es haber dado lo mejor.

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