Gastón
era un chico de éxito
y tenía todo lo que pretendía alguien de 24 años: estaba
por terminar la facultad, tenía trabajo, guita, auto
y como tenía facha ligaba minitas. Cumplía con todo
lo que debía ser, por eso las madres lo consideraban
el candidato ideal para "la nena". Siempre estaba a
full y nunca tenía tiempo para parar.
Desde
hace unos días presentía que algo no estaba bien y de
repente cayó: una sensación de vacío lo invadía, todo
ese éxito no lo llenaba. Pensó un poco en sus amistades
del momento y se vio rodeado de gente que estaba por
interés y no por afecto. Vivía un mundo de apariencias
y de vanidad.
Esa tarde, después del
laburo, se bajoneó y decidió no ir a la facu; tampoco
quería volver a casa para no escuchar las quejas de
la vieja. Empezó a vagar sin destino a bordo de su auto
por la ya fría y lluviosa noche marplatense. Iba por
un barrio medio oscuro cuando lo atrajeron unas luces,
al acercarse vió un bar "onda tranqui" y paró (hacía
mucho que no paraba y se tomaba un tiempo para él).
Entró, se sentó en la barra y pidió un whisky.
Se
empezó a acordar de viejos momentos en los que le quedaba
tiempo que perder, antiguos amigos a los que el único
contrato que lo unían era el cariño, novias, aventuras,
etc. Sonaba un tema de los redondos y el Indio cantaba
". . . las minitas aman los payasos y la pasta de campeón
. . ." ¿ qué querrá decir el chabón ? se preguntó y
en ese instante el barman le preguntó : "¿ Estás así
por un a mina, no ?" " No, no pasa nada, está todo bien
", lo cortó.
Siguió en la suya hasta
que en un momento se acordó que su hermano mayor solía
decir que el mejor psicoanalista es un barman dispuesto
a poner la oreja. Curioso le buscó conversación y charló
un buen rato. Como un guía espiritual pagano, el amigo
desconocido le soltó un par de ideas que lo movilizaron
" Si uno se muestra perfecto, siempre exitoso será admirado
o un modelo, pero difícilmente sea querido. Si el otro
se muestra demasiado entero no hay por donde quererlo.
Es por las fisuras por donde entra el amor, mi viejo
!!! Nuestro amigo quedó impactado, se despidió y se
fue con la sensación de haber estado en el lugar indicado.
De regreso a casa no se podía sacar la idea de la cabeza,
puso la radio y el Indio se ofreció de nuevo a sus oídos
: " . . . Las minitas . . . "
Esta vez entendió, sonrío
cómplice y se durmió.