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Hay
que reconocer que existe una gran diferencia entre
las cervezas que sirven en las buenas cervecerías
y en algunos bares, y las cervezas calientes o
mal servidas que ponen en otros lugares. Todo
forma parte de un ritual que se supone entrar
en un establecimiento, pedir una cerveza y esperar
a que te la sirvan. En ese tiempo que transcurre
desde que la has pedido hasta que empiezas a disfruta
de ella, te puedes dar cuenta de algunos detalles
que si bien pueden carecer de importancia en las
ganas que tienes de apagar tu sed, si te pueden
dar a entender el esmero que ponen algunos en
el arte de servir una bebida, ya sea un buen vino
o una cerveza en este caso. No solo hablamos de
la manera de servirla o si la acompañan con el
correspondiente posavaso, también nos podemos
encontrar con una buena cerveza a temperatura
casi ambiente o demasiado fría, o incluso servida
en un vaso inapropiado que no nos permita apreciar
bien detalles como el color, olor y formación
de espuma. Lo cierto es que el modo de servirla
o de cuidar las botellas influye en el sabor final
y disfrute de este liquido. Gracias a la fecha
de caducidad sabemos cuanto tiempo tenemos para
consumir la cerveza. De todos modos no es un producto
de gran duración. Antes de consumir la cerveza,
esta debería dejarse en reposo durante 48 hs y
en posición vertical y a una temperatura entre
15 y 18 °C. También debería dejarse en la parte
alta del frigorífico y sacarla un cuarto de hora
antes de su degustación. Si estaba en la parte
baja se consumirá inmediatamente. A la cerveza
hay que tomarla suficientemente fría, pero no
demasiado ya que no podríamos apreciar todos los
detalles. La temperatura adecuada será entre 6
y 8° para las cervezas rubias, y entre 8 y 10°
para las cervezas negras. El método utilizado
para servir una cerveza desde un tirador o desde
la botella es similar. Antes de servirse hay que
refrescar el vaso bajo un chorro de agua fría
para evitar la formación de burbujas. Luego con
una inclinación del vaso de 45° con respecto a
la botella o tirador, se dejará caer lentamente
la cerveza contra la pared del vaso evitando así
la formación de espuma. Una vez que está medio
lleno se coloca en posición vertical y se continúa,
formándose ahora sí, la espuma. Si se trata de
alguna botella, en algunos casos, se dejará un
centímetro de líquido sin servir. También hay
quien, antes del último paso, agita la botella
para que luego al vaciarla quede mejor repartido
el fermento. Una cerveza bien servida tendrá un
color brillante y un aspecto espumoso, con una
corona de espuma de dos a tres centímetros. Esta
espuma deberá ser fina y persistente, de modo
que se adhiera al vaso. La cerveza deberá tomarse
enseguida para su mejor apreciación, excepto algunas
cervezas que necesitan un período de reposo. Es
importante la limpieza de los tiradores, el uso
de los correspondientes vasos y posavasos, el
mantenimiento de las botellas y los barriles,
y la limpieza de los vasos, cuidando que no tengan
resto de detergente o grasas para evitar así que
no se forme bien la espuma.
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