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Cuando
la madera oculta la fruta del vino no es bueno.
A veces el exceso de roble se atenúa con un tiempo
de botella. A veces no, el vino simplemente no
soportó el impacto.
Hay
tres niveles de aromas en los vinos: los primarios
que tienen que ver con los característicos del
cepaje, de la uva, los secundarios relacionados
con la crianza en roble y los terciarios que surgen
de añejamiento en botella.
Estos
son los más complejos, la razón de ser de los
grandes vinos. Si son caros es porque hubo que
esperarlos. Y el tiempo es dinero, además de una
dimensión metafísica. En todo caso los aromas
primarios no deberían ser tapados por los secundarios,
pero si sucede, en la botella se complementan,
armonizan y surgen otros aromas mucho más complejos.
Eso cuando las cosas se hacen bien.
Ciertos hábitos californianos en cuanto al exceso
de roble parecen haber influenciado a las bodegas
y a los paladares internacionales, pero sucede
que los americanos están poniendo especial cuidado
en armonizar la relación fruta- madera. Ya no
exageran. Inclusive muchas bodegas están experimentando
con toneles de madera nueva más grandes, o barricas
más espaciosas (300 l) para que el contacto del
vino con la misma sea menos traumático.
Para que un vino soporte la madera, tiene que
tener una estructura especial, cuerpo y personalidad.
A un vino intrascendente y ligero, la madera le
viene mal, lo ahoga lo tapa, cuando podría haber
estado tan bueno bebido joven y fresco. Un vino
que de entrada no soporta la agresión del roble
no crea que mejora en la botella. Siempre irán
en caminos opuestos, la fruta por una lado, la
madera por el otro y finalmente triunfará la madera.
Lo peor es lo que sucede con los blancos fermentados
en su totalidad en roble nuevo: allí la madera
manda, y como en general los blancos se toman
demasiado fríos lo único que sobrevive en el sabor
es el roble. Empalagan, sobre todo si la intención
es tomar vino, no una pata de una mesa embebida
en Chardonnay. Los buenos enólogos saben la proporción
justa de madera, el tiempo y el blend que se debe
lograr con el mismo vino fermentado en madera
y sin madera. Eso tiene que ver con el arte combinatorio
y la sensibilidad del enólogo. Los tipos de roble
americano o francés (el americano es más intenso
pero le viene bien a ciertos cepajes como el Tempranillo),
el grado de tostado, la combinación entre barricas
de primero, segundo o tercer uso, y hasta sofisticaciones
como blend de barricas de diferentes bosques,
son aspectos que las bodegas tienen en cuenta.
La madera que tiene tantas virtudes a la hora
de criar los grandes vinos, porque produce una
benéfica micro oxidación, debe ser en todo caso
como un condimento, como un toque de pimienta
en un plato.
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