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Vinos Argentinos, uno de los mejores del mundo.
 
Cepas

Espíritu y linaje de las uvas.

Hace miles de años que la personalidad y estirpe de las uvas se descubre en el sabor, aroma y color del vino. Nombres de leyendas que ya echaron raíces en nuestro suelo.

Antes de que Cristóbal Colón llegara al nuevo mundo ya había viñedos salvajes en el continente. Los vikingos navegaron por las costas americanas bajo el mando del legendario Erico el Rojo, durante la ultima década del siglo X, y llamaron Vinland (país del vino) a las tierras donde descubrieron sabores embriagantes y feroces. Tras el desembarco de los españoles en México, Hernán Cortés decretó que los colonizadores españoles debían sembrar vides en sus campos y así nació una industria pródiga en historias divertidas y leyendas escandalosas. Fueron jesuitas y franciscanos quienes llevaron viñas hacia el norte y el sur, a través del Camino Real. Así nacieron vinos y licores sin nombre y el Pisco, un maravilloso aguardiente originario del Perú. En nuestro suelo se comenzaron a sembrar viñas a mediados del siglo XVI, cuando los colonos que cruzaban el Atlántico y la cordillera se enamoraron de las tierras fértiles del norte y el oeste argentino. Desde entonces, la vid ocupa un lugar de privilegio en nuestra cultura y no es casual que ocupemos el tercer o cuarto lugar mundial como productores de vino.

Claro que la Argentina ha logrado buena fama y tradición vitivinícola gracias a la excelente adaptación, variedad y personalidad de sus cepas, algunas de las cuales lograron un carácter propio y distintivo, como las uvas Torrontés y malbec. Hay cinco zonas claves para la vitivinicultura: Mendoza, San Juan, Salta, La Rioja y Río Negro. Y las sepas que más se cultivan son:

Cepas tintas

Cabernet Sauvignon: Originaria de Burdeos, Francia, es un vino de noble alcurnia que está presente en los mejores tintos. La uva es azulada y con reflejos azabache. Es frecuente su assemblage con cepas Merlot, para suavizarle la estirpe. La Cabernet Sauvignon se cultiva en todas las regiones viñateras del país, pero los enólogos señalan a la cepa de Lujan de Cuyo y Maipú, en Mendoza, como las mejores.

Malbec: Hay una sagrada coincidencia entre los enólogos del mundo: las mejores uvas Malvec se producen en Argentina y los vinos de esta variedad gozan de prestigio mundial. Procede de Burdeos, donde le dicen hot y auxerrois. Es la uva más cultivada en el país, pero las del norte del Río de Mendoza son incomparables. Como cepa solitaria ha cautivado al mercado internacional, aunque también se la usa para mejorar vinos de uva criolla y producir buenos vinos de corte.

Merlot: De nuevo Burdeos, en el sur francés, donde comarcas como Pomerol y Saint Emilion se jactan de su origen. Tiene la misma estirpe del Cabernet Sauvignon, pero es más suave y de agradable bouquet. Las uvas son negras como los mirlos, de cuyas plumas lóbregas habría tomado el nombre. La zona de Río Negro produce excelentes uvas Merlot, que son cada vez más apreciadas por los paladares refinados y exigentes.

Pinot Noir: nacidas en Borgoña, donde su cultivo es ancestral y ligado a un culto secreto como la magia de su calidad. También hay cepas milagrosas en Alsacia y Champagne, porque es una de las tres cepas que se usan para elaborar lo afamados espumantes. En Argentina se cultiva desde hace pocos años, con resultados optimistas.

Syrah: Originaria de Persia, ahora llamado Irán, las uvas de la región de Shiraz endulzan la historia de Las 1001 Noches con un sabor poderoso y pagano. Se cultiva en el valle de Ródano con ceremoniosa intensidad, al igual que en jóvenes países vitivinícolas como Australia y Sudáfrica. En Argentina crece su producción, con cada vez mejores resultados. Los vinos elaborados con cepas Syrah, acá llamada también petit-sirah, son de sabor plenos y oscuros.

 

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